"El amor, el tabaco, el café y, en general, todos los venenos que no son lo bastante fuerte para matarnos en un instante, se nos convierten en una necesidad diaria"
Enrique Jardiel Poncela
Con todo el alboroto de los preparativos, Jazmín no había terminado de asimilar la noticia, se lo dijeron de golpe, sin dolo, sin saber lo que esto causaría en ella, en el momento no sintió dolor, arrepentimiento o enojo.
Ya sabía lo que diría su padre, pero sin embargo habló con él, lo apartó del tumulto que se había formado en el traspatio pues acababan de derramar un saco de maíz y las gallinas se arremolinaban a este.
-Pero que no se pudo fijar- decía este al momento que entraba en el pasillo.
-Me ha engañado- Se lo había dicho, Jazmín no pudo esperar más y se lo soltó así mismo como ella lo había recibido -Me ha engañado- Repitió.
La cara de su padre se puso roja por un momento, para luego tranquilizarse y suspirar lentamente, Jazmín pudo notar en su aliento el café de esa mañana.
-Eso no importa ahora- Pero, ¡cómo es que no iba a importar! Se encontraban a horas de la boda, y la novia se acaba de enterar que había sido engañada. Jazmín se sentía desesperada en ese momento, tenía en la mente tantas cosas, pero no se las podía decir a su padre. Él ya se había marchado, Jazmín se encontraba confundida con la respuesta de su padre, pero en el fondo sabía que tenía la razón, él había dado su palabra de que su hija se casaría, y no había vuelta atrás.
No era una boda arreglada como las que se acostumbraban en el pueblo, de esas en las que son los jefes de las familias, y no los jóvenes, los que deciden quien se casa con quien, con acuerdos que incluyen dinero, ganado, y otras cosas que beneficiarían a la familia. Esta boda había sido planeada por Jazmín y por el que esa tarde se convertiría en su esposo, apenas hace dos horas se encontraba completamente enamorada de Jacinto, el novio, el amor de su vida, pero también el que dos horas antes se había convertido en Jacinto, el mentiroso, aquel que le había prometido a Jazmín no una vida perfecta, pero si con compañía, con amor, con carencias de capital a veces, pero con lealtad firme, aquel que mientras trabajaba supuestamente para los gastos de la boda, en realidad trabajaba para mantener a sus hijos, ¡A sus hijos! Se casarían esa misma tarde y Jazmín se enteró esa mañana, no por su voz, que Jacinto tenía hijos.
Eso era lo que le había contado apenas hacía dos horas, la que sería su madrina, que antes de conocer a Jacinto, este había procreado dos niños con una mujer que vivía a la orilla de las vías del ferrocarril, no mantenían más esa relación, pero Jacinto se había comprometido a sustentar a sus hijos.
Jazmín no necesitó pensarlo más, su padre tenía razón, ella se casaría al final del día, sin importar las circunstancias.
NOTA: "Hay recuerdos que caben en una taza de café" Es una colección de cuentos cortos que he compilado y que publicaré a lo largo de este mes. Todos los cuentos convergen en una historia principal: La vida de Jazmín García, de la cual se irán enterando a lo largo de este mes. Sin más por el momento, espero les esté gustando.

