jueves, 22 de mayo de 2014

12 de Diciembre.

Hoy, me siento anonado,
al ver cómo tu dulce aroma has dejado,
impregnada en cada rincón de mi cuarto,
recuerdo el dulce sabor de tus labios,
y de inmediato rompo en llanto.

¡Oh!, dulce niña mía,
me has dejado roto con tu partida,
aún recuerdo como el sol cantaba cuando tu sonrisa veía,
como tu hermoso cabello se movía al ritmo de la brisa.

No es que es esté triste por estar sólo,
es la ausencia de tu presencia,
presencia que sé que volverá pronto,
aunque así tenga qué esperar toda una vida.

Recuerdo esa tarde de Diciembre,
sentados en un pastizal en el centro de la ciudad,
arriba de nosotros un sol candente,
que tus ojos hacían brillar.

...

Ahora sé qué me miras con otros ojos,
lejos en la distancia estás,
pero recuerda que soy de unos de esos pocos,
que por tí podrían esperar.

Tristemente a pesar de mis recuerdos y lamentos,
se está esfumando tu recuerdo,
es como sentir un gran alivio,
aunque nunca quise sentirlo.

Creí que tus ojos eran los más hermosos de este mundo,
ahora me arrepiento,
no es por ser cobarde ni tonto,
sólo que ahora veo otros ojos.

Mis letras ya no son de tristeza,
tristeza que me causaste,
ahora que la conozco a ella,
sólo digo gracias por lo que me regalaste.

Ella,
única y sin igual,
pero no puedo contar de el poema este final,
pues falta mucha historia por contar.

                                                                                          -(Es de mi autoría, Juan Diego Niño Bedoya)

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